Argentina va camino a una inflación superior al 180%
para este 2023, tiene una tasa de pobreza superior al 40% y
un desajuste monetario brutal que se refleja en que el dólar no oficial, el más
acercado a la realidad, cotiza a mucho más del doble de lo que indica el
artificial tipo oficial.
Se suele decir que dolarizar es imposible, cuando países como El
Salvador o Ecuador lo han hecho con éxito. Cuando ese argumento no funciona, se
repite que Argentina ya probó la dolarización y terminó en un corralito.
No es así…
Argentina nunca dolarizó, lo que se hizo fue un engaño de tipo de cambio
que equiparaba el peso con el dólar con un tipo de cambio de partida irreal.
Así, a medida que pasaba el tiempo y la emisión de pesos superaba la entrada de
reservas -dólares- terminó por generarse un agujero monetario y un desajuste
bancario que terminó en un corralito y la aparición de nuevas monedas, siempre
bajo la peligrosa idea de que el problema de Argentina es no perder la
soberanía monetaria. Una soberanía monetaria que hace años que ha perdido
porque nadie demanda el peso.
La realidad es otra…
El peso es una moneda fallida. Por mucho que se obsesionen unos y otros
gobiernos por intentar mantener una moneda propia, el hecho inapelable es que
desaparecen (australes, pesos, patacones,
etc.) porque no hay gobierno dispuesto a reconocer que emite muchísima más
moneda de la que se demanda internamente y que no tiene credibilidad ni demanda
internacional.
En Argentina, hoy, no sabemos cuántos tipos de cambio del peso hay, y
todos son artificiales. Solo se puede decir que el dólar blue es lo más
parecido a un tipo de cambio real que refleje la demanda y oferta de moneda. Un
país con más de un tipo de cambio, es un país con una moneda falsa y fallida.
A la destrucción monetaria generada hay que añadirle que el Banco
Central incluye una enorme bomba de relojería monetaria con la deuda remunerada
(leliqs, pase) que supera el 12% del PIB. La base monetaria incluidos esos
Leliqs, una bomba de emisión a futuro y mayor inflación, ha aumentado un 1.050%
en cinco años.
Dolarizar es más que viable. Es completamente necesario porque la
moneda nacional, el peso, es una moneda fallida. No se puede solucionar con
paños calientes. Lo sabe cualquier ciudadano argentino, que intenta
convertir en dólares todo lo que pueda ante la evidencia del desastre monetario
que impone el gobierno.
Para dolarizar se debe solventar el agujero monetario de los Leliqs y
Pase y el desfase cambiario. Estamos hablando de una devaluación real de más
del 100% si se mantiene el exceso fiscal, que es el origen de todos los males
monetarios en Argentina. Efectivamente, el Banco Central no imprime masivamente
por casualidad, sino porque el estado entra en déficits masivos que financia
con nueva emisión monetaria en una moneda que nadie quiere, dentro y fuera de
Argentina.
Por eso la dolarización solo es una cara de la moneda. Hace falta un
ajuste fiscal en un país que ha duplicado el gasto público sobre PIB en quince
años, un gasto clientelar y político innecesario.
Se necesitan también otras reformas urgentes y de gran calado.
Argentina tiene una aberración económica que son los controles de
capitales y el desastroso cepo cambiario, que supone ahogar a los exportadores
y eliminar potencial económico del país. Con la obsesión de confiscar los pocos
dólares que entran en la economía, el gobierno asfixia a los sectores
exportadores y hunde la propia economía. Por ello, la apertura total
de la economía argentina, una de las más intervenidas y con más
restricciones de la OCDE, para que se recupere la entrada de dólares. Hablamos
de un país rico y tradicionalmente exportador abocado al desastre y que tiene
un enorme déficit comercial cuando debería generar superávit.
El cepo cambiario es la evidencia de un modelo económico fallido e
intervencionista: Intentar confiscar los pocos dólares que llegan a la economía
en vez de maximizar la entrada de reservas con una política abierta al mundo.
Argentina no tiene soberanía monetaria. Nadie quiere el
peso, incluso dentro del país. El gradualismo no funciona porque en
pocos años regresa el populismo y vuelve a disparar los desequilibrios fiscales
y con ellos, los monetarios.
Para terminar estimados lectores, ignorar que el peso es una moneda
fallida y que cualquier intento de mantenerlo es inútil como hemos visto tantas
veces en los últimos años es empobrecer aún más a los argentinos, que sufren en
su salario y sus ahorros las ocurrencias populistas del gobierno. Hay que
dolarizar urgentemente. De verdad, no inventándose un falso cambio
peso-dólar.
Muchas gracias y hasta la próxima.






